Fuente: Argentina.ar
"El deshonor que recaerá en nuestra patria si
las naciones europeas triunfan en esta contienda que
en mi opinión es de tanta trascendencia como
la de nuestra emancipación de la España”
Carta del General Don José de San Martín sobre
la gesta de Rosas en defensa de la Patria
En 1845, las dos potencias económicas, políticas y bélicas más grandes
de la época, Gran Bretaña y Francia, se unieron para atacar a la
Argentina, que se encontraba bajo el mando del gobernador de Buenos
Aires, Juan Manuel de Rosas.
El objetivo de la invasión fue de índole política y económica: la
expansión de sus mercados y la independencia de Corrientes, Entre Ríos y
lo que es hoy Misiones para formar un nuevo país, la “República de la
Mesopotamia”, que empequeñecería y debilitaría a la Argentina y haría
del Paraná un río internacional de navegación libre.
Venían 22 buques de guerra de la marina más poderosa de la tierra,
portando 418 cañones, 3000 tripulantes y 880 soldados profesionales,
curtidos en el oficio del saqueo, algo que bien habían practicado por
Asia y Africa. Los patriotas, poco tenían más que la resolución de
resistir al imperialismo inglés: 4 baterías y 2000 gauchos armados con
poco más que lanzas y boleadoras.
Rosas decidió hacerles frente a estas dos potencias mundiales y le
encargó al general Lucio N. Mansilla conducir la defensa, junto a más de
un millar de argentinos.
Así, en un recodo de nuestro ancho Paraná, donde el cauce se angosta y
gira, conocido como Vuelta de Obligado, las valientes tropas encadenaron
el río para defender nuestro territorio.
Horas de combate precedieron al desembarcó de la infantería francesa que capturó 21 cañones de la resistencia nacional.
Dieron batalla un 20 de noviembre de 1845, en una lucha desigual, la
estrategia fijada por Rosas y Mansilla tuvo éxito y las grandes
potencias de la época finalmente
(tiempo despues) se vieron obligadas aceptar las
condiciones impuestas por la Argentina.
La agresión no estuvo ausente de cómplices internos que abrían las
puertas al imperialismo contra la causa de una nación federal. Ya
Domingo Faustino Sarmiento ofrecía la Patagonia a Chile y Carlos de
Alvear hacía lo mismo con las provincias del norte. El bando unitario
había entregado ya el Alto Perú, lo que hoy es Bolivia, y la Banda
Oriental.
Por ejemplo, Florencio Varela fue el enviado en 1843 a Londres a pedir
que los casacas rojas de la corona invadieran la Argentina para derrocar
a Rosas por "la causa de la humanidad". El periodista rioplatense José
Rivera Indarte dirigió una campaña de prensa para atribuirle a Rosas
cuantas atrocidades pudiera imaginar su delirante pluma.
Doscientos cincuenta patriotas dejaron la vida defendiendo la soberanía,
otros 400 heridos. Los invasores pudieron forzar el paso pero
encontraron una resistencia popular que impidió que cumplieran sus
objetivos
Gracias a esto, las provincias litorales continuaron siendo parte de
nuestro territorio y el Paraná es hasta hoy un río interior argentino.